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Nota de prensa - La Asociación de Profesores ASPES-CL manifiesta su absoluto rechazo al REAL DECRETO 984/2021 de evaluación, promoción y titulación

LA ASOCIACIÓN DE PROFESORES ASPES-CL MANIFIESTA SU ABSOLUTO RECHAZO AL REAL DECRETO 984/2021 DE EVALUACIÓN, PROMOCIÓN Y TITULACIÓN

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La Asociación de Profesores ASPES-CL quiere hacer constar ante la opinión pública y ante la sociedad en general que el recientemente aprobado Real Decreto 984/2021 de evaluación, promoción y titulación, supone otro paso más hacia la reducción de los niveles de exigencia al alumnado en lo que se refiere al aprobado de las asignaturas, la promoción de un curso al siguiente y la titulación en cada una de las etapas.

La comunidad educativa esperaba algo más -en realidad, muchísimo más- de la inteligencia de nuestros políticos a la hora de hacer frente al problema del abandono escolar y, en especial, de esa sensación de fracaso escolar permanente que acompaña al sistema educativo nacional desde que tuvo lugar la aplicación de la primera ley pedagógica de nuestra historia: la LOGSE de los años noventa. Sin embargo, la nueva norma no está a la altura de las soluciones que se precisan para mejorar el sistema educativo. Más bien todo lo contrario, pues parece claro que con las medidas contenidas en el Real Decreto se seguirá ahondando en el menoscabo a la cultura del esfuerzo y la superación personal. A partir de ahí, la pregunta sale sola: ¿qué clase de ciudadano va a formar el sistema educativo si se decide renunciar a la exigencia mínima?

En primer lugar, denunciamos la cuasi-demonización de la repetición de curso, que ahora ya pasa a ser una cuestión sustentada solamente por el fino hilo de la excepcionalidad. No es de recibo permitir que los alumnos que simplemente no quieren esforzarse, y que son sabedores de que al final el aprobado, la promoción o la titulación les llegarán regalados, alcancen al final la misma recompensa que quienes han decidido esforzarse para dar lo mejor de sí mismos. Legislar en ese sentido supone colaborar con un planteamiento que entra de lleno en lo fraudulento, pues igualando con el mismo título o la misma promoción a quienes no han demostrado la misma valía constituye una tremenda perversión de la realidad, además de un agravio comparativo de proporciones colosales.

En segundo lugar, estamos en contra de que se elimine la aplicación de criterios objetivos para la obtención del título de la ESO y de que dicha titulación pase a depender exclusivamente del equipo docente, sin que se tome en consideración el número de asignaturas suspensas o aprobadas: diluir la importancia individual de cada asignatura en el conjunto de todas ellas supone desnaturalizar los contenidos de las diferentes materias.

También en la etapa de ESO rechazamos tajantemente la eliminación de las evaluaciones extraordinarias (septiembre) ya que ello supone suprimir de facto la posibilidad de que los alumnos superen las asignaturas por su propio esfuerzo: todo el mundo en esta vida tiene derecho a demostrar su conocimiento y capacidad mediante una segunda oportunidad. Por otro lado, permitir que no se produzca una recuperación -en cuanto que rectificación y posibilidad de superación de los contenidos suspensos- es una fórmula contra natura, que pone en cuestión la importancia que se debe dar al esfuerzo y a la satisfacción personal. Por último, esta eliminación de los exámenes de septiembre encierra un fuerte componente de presión al profesorado para que apruebe más fácilmente en la convocatoria de junio y así se reduzcan los números de suspensos, aunque no se reduzca la realidad de fracaso escolar ni se produzca una mejora en la calidad formativa.

Desde el punto de vista del profesorado, cuya experiencia y sabiduría han resultado una vez más ignoradas y ninguneadas a la hora de la toma de decisiones, los contenidos recogidos en el Real Decreto son absolutamente inaceptables, porque acentúan significativamente la degradación de la figura del profesor y de su asignatura, al eliminar el valor de su evaluación individual -fruto de su profesionalidad y de su actividad diaria en el aula- y diluirla en el conjunto del equipo evaluador de cada curso.

Especialmente censurable resulta la normativa relativa a la etapa de Bachillerato. La inmensa mayoría de nuestro colectivo se muestra contraria a permitir que los alumnos de Bachillerato obtengan el título con alguna asignatura suspensa. Este es uno de los mayores dislates que se pueden promover en una norma de estas características. No hay que olvidar que la etapa de Bachillerato ya resultó muy depauperada con su reducción a sólo dos cursos (recordemos que pese a la promesa oficial en el acto de investidura, el gobierno de la otra cuerda tampoco se atrevió a alargarlo más allá de los dos cursos actuales), y además esta etapa se vació de muchos contenidos en el corpus central de cada modalidad a causa de la aparición de innumerables optativas. Por si todo ello no fuera suficiente, ahora se permite la titulación final con asignaturas suspensas, como si el sistema educativo fuera un Black-Friday permanente con el que abaratar los títulos que antaño tuvieron su prestigio.

No menos denunciable resulta el hecho de que el Real Decreto contenga la impresentable paradoja de, por un lado, fomentar mecanismos de apoyo y refuerzo repartiéndolos por todos los cursos de las diferentes etapas como si fueran caramelos y, por otro, estipular textualmente en la Disposición Adicional Única del Real Decreto un mensaje definitivo: “No incremento del gasto público. La aplicación de las medidas incluidas en este real decreto no podrá suponer incremento de dotaciones ni de retribuciones ni de otros gastos de personal” (sic en el original). Muy pocas veces habremos de asistir a una broma de peor gusto en la lectura de un documento oficial. Así pues, queda claro que, como ocurría en la anterior ley, lo que prima en los intereses de los gobernantes no es la mejora del sistema ni de la formación de los alumnos, lo único que de verdad importa es el dinero, para ser exactos, el menor gasto posible de dinero. A nadie se le puede escapar a estas alturas que si queremos mejorar el sistema educativo y que el mismo ofrezca formación de verdadera calidad (apoyos y refuerzos incluidos), el desembolso económico deberá incrementarse de manera significativa. Lo demás seguirán siendo burdos e ineficaces parches.

ASPES-CL entiende que, con la aplicación de este Real Decreto, las oportunidades de recibir una educación de calidad quedan completamente descartadas debido al deterioro del clima de enseñanza que se avecina en las aulas, deterioro alentado oficialmente por una flagrante reducción de la importancia de aprobar y por la despreocupación que ello provocará en una parte del alumnado: los docentes sabemos muy bien que la falta de objetivos y de estímulos reales está estrechamente relacionada con el descenso en la calidad del proceso enseñanza/aprendizaje y con el deterioro del ambiente de trabajo en las aulas. ¿Para qué atender en clase si al final el aprobado caerá igualmente?

ASPES-CL quiere hacer constar, alto y claro, su profundo rechazo a este Real Decreto y a cualquier medida que, por un lado, suponga una rebaja de contenidos y niveles de exigencia; que además menosprecie el valor intrínseco del esfuerzo personal; y que, en definitiva, fomente implícita o explícitamente el espíritu y la idea del todo vale.

En la actividad académica solo hay un valor absolutamente innegociable. Se llama esfuerzo y no admite regalos ni quebrantos.

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